La Búsqueda del Amor

   

Si usted es alguien que tiene una fortuna de 400 millones de dólares, tiene un hijo de 20 años y una bebe que apenas tiene unos meses de nacida. Si,  además es usted reconocido en las revistas y en los medios electrónicos; es usted admirado por su carrera triunfante y su figura es hermosa. Usted puede sentirse satisfecho por contar con el dinero, la belleza, el reconocimiento y unos hijos por quién vivir.  Pero en esta historia, no es así.

    Lo que  ocurre en la dramática historia que conmovió esta semana a la Unión Americana, la historia de Anna Nicole Smith, quien fuera conejita Playboy y quién murió a los 39 años, llama a la reflexión. A pesar de contar con todo lo  que comentamos, ella murió en la depresión. Todo parece indicar que no era feliz, a pesar de que en las portadas de revistas aparecía siempre con una sonrisa angelical.

  Es difícil saber que buscaba el alma de esta hermosa mujer. Pero por lo que percibimos  era obvio que buscaba el placer. Cómo prácticamente todos los que estamos imbuidos en el vértigo de los medios, la moda y la globalización. Por ejemplo, los medios que sirvieron cómo ventana para convertirla en un símbolo triunfante, son los mismos que narran su historia triste, semejante a la de su admirada rubia Marilyn Monroe. La misma ventana que la hizo triunfante, ahora narra el drama de la vida de una persona común.

  Uno de mis autores favoritos es el jesuita Fulthon J. Sheen. El sostiene que es urgente que como especie conozcamos las reglas de la filosofía del placer, de lo contrario, sobrevendrá el drama a pesar de la belleza, el dinero y el reconocimiento.

  Regla uno: el contraste.- para que tengamos  placer debemos vivir el contraste de la vida. Para que destaque un vestido negro debe haber un fondo blanco. O como dice el viejo chiste ¿qué es un negro en el polo norte? ¡un blanco perfecto!. “La condición para divertirse, es que uno no esté todo el tiempo tratando de divertirse”.

  Regla dos.- Ningún placer es permanente y existe un costo de sacrificio. Ganar una carrera, tiene tras de si un sacrificio. En el amor, no es sino después de los desajustes, cuando se empieza a conocer la alegría de estar juntos más allá del sexo. Así que cuando nos asaltan los merolicos del siglo XXI con, “pare de sufrir”, “cómo ser feliz” “cómo triunfar con la pareja” “cómo conquistar el amor”. Son invitaciones a correr tras espejismos. En la película Click, se habla de las personas que todo el tiempo andan buscando el tesoro al final del arcoiris, sólo para descubrir, que allí sólo hay un plato de frijoles.

  Regla tres.- Los placeres que nos atraen buscan un sentido trascendente, eterno o infinito. Cuando yo le digo a alguien: te amo, le estoy diciendo vive para siempre. Nuestros sentidos buscan siempre saciar sus apetitos, pero una vez que los alcanzan se saturan y el placer se termina, es finito.   Por eso nos  sacude una historia de amor, un baile donde dos se miran enamorados. Buscamos la trascendencia, el cielo. Y en ese finito e infinito nuestros deseos aún no son totalmente cumplidos. “Nuestra búsqueda de amor sin fin, no tiene fin”. De allí que la religión aún está presente a pesar de la razón y la técnica. Cada semana seguirá  leyéndose, la epístola de San Pablo, de que Dios es amor y una nueva pareja se prometerá, ante el altar, amor eterno.

  Desgarrado entre lo que tiene y lo colma; y lo lejano y trascendente, que nos atrae: todo ser humano esta en riesgo de desesperase (hasta el suicidio) sino encuentra el sentido de la vida. Como paso con Anna Nicole. 

  La historia de nuestra rubia Anna Nicole, es esa historia humana que nos sucede a todos. Detrás de cada escándalo, de cada crimen, de cada poesía, de cada canción, de cada kit de belleza, se encuentra el deseo del placer, la lucha por  alcanzar el amor. Sólo que hay distintos caminos. Si todo lo que poseía esta bella rubia fuera la clave, no hubiera terminado su vida, como ha terminado. Un dato es que murió sola. A pesar de todo lo alcanzado.

    Pensar en la filosofía del placer, es pensar en Anna, que sin proponérselo, nos ha dado una lección de vida. Cómo diría Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: “sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos”.

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