¿En Dónde está la llave?

  ¿En Dónde está la Llave que Abre tu Corazón?

                                “Sé bien y lo saben cada una de mis hermanas, que lo que  realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota le faltase, el océano carecería de algo.”

Madre Teresa, M.C.

 En Calcuta, con las hermanas de la caridad tuve una experiencia que he compartido con algunas personas que quiero. Es muy sencilla, pero profunda para mí. Observe en vivo y a todo color personas dispuestas a darse plenamente. Ha darse ellos mismos: su fuerza, sus horas, sus lagrimas, su sudor, su sonrisa, su mirada, todo a cambio de nada. Verán, si las hermanas y los voluntarios atienden a personas con retraso mental, estas no saben decir gracias, tal vez ni se imaginan quienes somos o que hacemos allí.

 

He contado que mientras barrían el piso con varas, yo pensaba en barrer con aspiradoras; mientras las hermanas lavaban la ropa de los enfermos a mano, yo soñaba con donarles lavadoras. Más tarde me avergoncé al descubrír  que con mis donativos no pensaba en facilitarles su trabajo, sino en facilitar ¡el mío!

 ¿Y la pregunta que me quedó por mucho tiempo es que tanto damos y a cambio de qué?

 Y algunos hechos me que he observado me han sorprendido:

El primero es que la gente busca el amor, pero si lo encuentra se llena de temor pues pronto se da cuenta que significa correspondencia.

La segunda es que la gente busca a Dios, pero también le da miedo por que creen que perderán su libertad.

La tercera es que las personas busca el placer, pero en su carrera extravían el sentido.

 La búsqueda por obtener estas tres cosas, nos hace recorrer distintos caminos. En la ruta para encontrar el amor, pensamos que realmente lo buscamos, pero en realidad no lo damos; peor aún, si lo hallamos descubrimos que implica darnos también y no estamos tan dispuestos a dejar nuestras comodidades. En el camino para llegar a Dios buscamos que él nos cumpla nuestras peticiones, pero tememos que nos quite nuestro confort o que realmente esos signifique que enderezmos nuestra vida. Y finalmente corremos por el placer, pero en el camino se generan más vacíos: por ejemplo la obesidad si abusamos del placer de comer, o la anorexia si queremos quedar a la moda de estar delgados; descubrimos que el sexo sin freno produce un vacío en cada encuentro sin amor. Ni que decir del alcohol o la droga. En ese vacío surgen las adicciones por cosas, personas o ideas irreales.

 En el fondo lo que buscamos es el amor. Ser queridos, amar y ser amados. Y lo buscamos afuera de nostros: en los anuncios de TV que nos enseñan soluciones prodigiosas y al instante; en la pareja que nunca se aproxima a lo que queremos, en el zodiaco o los amuletos.

 Vamos de sorpresa en sorpresa, nunca en la historia de la humanidad se habían anunciado tantas soluciones para alcanzar el placer, pero nunca habían existido tantos hospitales, consultorios y ambulancias saturadas por seres enfermos.

 Esa es la historia humana. Detrás de cada escándalo, de cada crimen, de cada poesía de cada canción, de cada kit de belleza, se encuentra el deseo de alcanzar el amor eterno. Decía San Agustín que fuimos hechos para Dios y no descansaremos hasta que retornemos a él.

 Pero el problema es que lo buscamos fuera de nosotros. Tal vez esa es nuestra primer torpeza. La solución está dentro de nostros, en nuestro corazón. Pero ¿quién tiene la llave de nuestro corazón. ¿Alguien de afuera?  No.

 Resulta que ese corazón se abre por dentro y nosotros tenemos la llave.

 Lo que ví en Calcuta fueron personas libres y alegres, personas sin miedo que usaron la llave y abrieron su corazón; y, al darse, aparentemente a cambio de nada, encontraron el todo.

 Han abierto su corazón a Dios, pues ven encada hermano a Jesús. Han abierto su corazón a los hombres porque descubren que son hijos de Dios. Han abierto su corazón al sacrificio y la incomodidad, pero han encontrado la sonrisa y la paz. Usaron su llave y Dios estaba en su puerta.

 ¿Como saber si vamos en el camino? A primera vista podemos decir que es tonto sólo darnos y puede resultar bastante absurdo y estéril estar dando y dando, sin fruto. Una pauta que escuche es la siguiente: Si mi sacrificio es para hacerte feliz, no serás dependiente de mi. Si mi  amor es para que seamos mejores, ya no hay ninguna deuda entre tu y yo. Lo contrario es obsesión, dependencia o masoquismo.

 Juan pablo II, al iniciar su papado dijo: no tengais miedo de abrir las puertas a Cristo (al amor).

 Así que la próxima vez que sientas el vacío mira sin miedo y se honesto ante ti para que encuentres la verdad en tu interior.  Pues si buscamos a Dios debemos hacerlo sin engaños y acepaar primero realmente que somos y como somos, uno de los pensamientos que dicen las comunidades religiosas es que sólo econtramos a Dios cuando nos descubrimos nosotros mismos con nuestros errores y fortalezas.  Si buscamos el amor debemos quitar nuestro egoísmo porque el amor exigirá sacrificio y entrega. Si buscamos el placer, veamos bien que puerta estamos tocando, el placer verdadero nos llena de paz y la raiz de la paz es la verdad.

Así con sinceridad, tal vez, nos atrevamos a usar la llave que esta en nosotros y no afuera de nuestro ser.

 

Junio del 2006.

 

 

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