Porque en la palma de las manos del niño había huellas de clavos, y también había huellas de clavos en sus pies.
-¿Pero, quién se atrevió a herirte? -gritó el Gigante-. Dímelo, para tomar la espada y matarlo.
-¡No! -respondió el niño-. Estas son las heridas del Amor.
-¿Quién eres tú, mi pequeño niñito? -preguntó el Gigante, y un extraño temor lo invadió, y cayó de rodillas ante el pequeño.
Entonces el niño sonrió al Gigante, y le dijo:
-Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en el jardín mío, que es el Paraíso.
Oscar Wilde
El Gigante egoista
Si, hasta ahora llegó el recuerdo, vino a mi mente el día que tomé ese libro de pasta dura y grandes dibujos de colores, su titulo: "El Gigante Egoista"; tal vez tenía 7 años cuando leí el cuento de Oscar Wilde. Pero uno se hace adulto y la historia quedó borrada de mis recuerdos. Así que hoy, en la vida adulta, cuando uno vive al borde del caos por alcanzar nuevas metas, mientras el corazón se atormenta, un suceso me hizo recordar el cuento.
Como en el Gigante Egoista, a un corazón atormentado por el egoísmo se le reconoce porque, el corazón se hace duro y muy, muuuy frío. No hay primaveras, ni sonidos de la naturaleza, simplemente no hay tiempo para eso, sólo el frío YO que tiene que tragar y tragar emociones que se disuelven en la angustia.
Otro elemento del cuento es que el gigante por supuesto no comparte nada, todo un gran jardín lo quiere para él. Más tarde se da cuenta de que no le sirve de nada su enorme jardín si jamás llega la primavera (la primavera lleg cuando lo comparte). El jardín es como un corazón que cuando se comparte se llena de alegría infantil, brotan aromas y armonias de primavera, o es un jardín que se queda como un viejo frío, como un duro invierno, cuando no se comparte.
Un corazón egoísta no ve la alegría de ser niño, y todo se le toma en serio. Como quiere todo, su carga es muy pasada. Sufre, porque quiere más y más, y aunque lo obtiene no lo disfruta, es demasiado adulto, es demasiado grande, es un gigante egoista.
El gigante egoista se angustia por las cosas, pero crece tanto su deseo de poseer que se sigue de filo con las personas, pero no para compartir con ellas, sino para usarlas. Allí empieza el drama: provocamos heridas a nuestros seres cercanos. Pero como ese corazón está tan lleno de si mismo, esta muy ciego para ver "las heridas del amor".
Es por eso que en mis oidos resuena el grito: pobre de ti, eres un egoísta. Tu sólo te crees tus mentiras.
Hablando con un amigo, le comenté algunos de los sucesos del alma y de la historia reciente. Al finalizar mis anecdotas, de un corazón atormentado y frío, me dijo algo: preguntate que vacío quieres llenar. ¿por qué haces todo eso? Estas buscando llenar un vacío.
O lo que es lo mismo: "donde está tu tesoro. allí está tu corazón".
Todo esos hechos me dispararon el recuerdo de aquel libro que leí cuando era niño… Y pienso que tenemos una dura batalla que librar, es contra un gran mounstruo interno: ¡Un Gigante Egoista! que no ha querido ver "las heridas del amor" con las que lastimamos a los demás. Y tampoco podemos ver las heridas del amor que nos espera en el jardín eterno.