Encuestas. Una profunda revisión deben tener las grandes firmas encuestadoras mexicanas que en algunas ocasiones se convirtieron en parte de las campañas electorales de los partidos políticos con la intención de generar percepciones, cuando en su números reales las tendencias eran totalmente diferentes. Su credibilidad está ya deteriorada. También deben revisar sus cuestionarios, los electores han rechazado a los partidos, pero también a sus encuestadores, en México el voto oculto está muy presente a la hora de levantar estudios de opinión.
Independientes: El Partido Revolucionario Institucional ha mostrado una gran capacidad de adaptación, y podría promover como estrategia a candidatos independientes; sin embargo, también puede ser víctima de esta nueva figura si sus élites se dividen, en conclusión ya existe un nuevo camino para aquellos que no encuentren espacio en los grupos dominantes de los partidos.
PAN: Si el PAN sigue produciendo un mal diagnóstico de lo que ocurrió el 7 de junio, en el futuro tendrá como resultado su jibarización (reducción) de votos. Y esta miopía ya se aprecia por lo que dicen sus dirigentes actuales, así como sus supuestos rescatadores. Entre más se cuidan sus principales líderes más se convierten en rehenes del miedo. Y las instituciones que viven del miedo no generan líderes y menos seguidores.
PRD: El PRD práctica lo que mejor sabe hacer: fragmentarse. México aún no logra una izquierda moderna. Esta izquierda es seguidora de caudillos que saben todo, con figuras casi míticas e inatacables, o con burocracias seducidas por la ganancia inmediata pero pobre. Ganar lo mínimo para seguir sobreviviendo del presupuesto.
PRI: El PRI sigue siendo el partido más estable y adaptable de México, mantiene la mayoría en alianza con otros partidos. Ninguna organización cómo el PRI ha comprendido que en nuestro país no existen los partidos, existen los intereses, y sobre esa comprensión basa su estrategia política y la ejecuta mejor que sus opositores.