Los 8O’s Donde el futuro comenzo
El siglo XX terminó simbólicamente el 9 de noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín. Así concluyó una etapa de la humanidad marcada por utopías despóticas, cómo las llamó el historiador Paul Johnson, en su obra “Tiempos Modernos”. Fue un periodo en que a nombre de las ideologías se cometieron excesos en contra del hombre y su dignidad.
La fecha es todo un icono, e incluso el Papa Juan Pablo II tituló uno de los capítulos de su obra Centesimus Annus así: el año 1989. Ahí, aborda desde su perspectiva, los cambios que había sufrido el mundo hasta llegar al derrumbe del bloque soviético.
Este hecho histórico es el icono que se sintetiza el cambio de época. Una era en donde los grupos militantes peleaban a través de la llamada guerra fría por el triunfo del comunismo o del capitalismo; en una trágica y falsa disyuntiva que costo millones de vidas.
Para vergüenza de la humanidad, ningún sistema se salva, ahí están las víctimas de Stalin, las de Hitler o los excesos de Estados Unidos con su bomba atómica en Japón.
Lo que muchos no se percataron, es que con el colapso de ese Muro, también se pone fin al uso de las ideologías que fueron usadas por hombres y mujeres como “argumentos” para esclavizar a otros seres humanos, y al final avanzar en sus muy particulares intereses de poder.
Desde luego, los supuestos vencedores, perdieron, porque ahora no tienen a la bestia comunista con quien pelear y entonces quedan sin brújula y buscan nuevos enemigos que justifiquen sus acciones. Son los mismos que en siglos pasados, ante el derrumbe de la Monarquía, querían un Rey; y que ahora no conciben la vida policía sin el sistema de partidos.
Lo que nos muestra la historia es que no hay ideologías, hay intereses. Intereses que se disfrazan como partidos verdes, rojos o azules, intereses que se disfrazan de la lucha contra la pobreza, para seguir usando a los pobres. Intereses muy humanos, pero que usan las ideologías para generar falsas creencias. En el fondo lo que se llamó derecha o izquierda fue una falsa disyuntiva para dividir al planeta a favor de unos cuantos.
Las ideologías fueron sistemas de creencias laicas, para justificar todo tipo de acciones en contra de otro ser humano.
La ola del cambio tarda en impactar con toda su fuerza. Es por eso que muchos están atrapados aún en la guerra fría, profesores, sacerdotes, grupos y personas vivas que no saben que ya están muertas. Que el mundo avanza ya en otra dirección y con nuevos desafíos, sobre todo con el desafío de qué hacer con la libertad adquirida por las tecnologías de la información.
El año 1989 trajo también la esperanza, pero pocos líderes fueron capaces de inspirar a sus pueblos en esa dimensión. Uno de ellos, Vaclav Havel, que fue protagonista en la primavera de Praga, dijo una frase que se pone más allá de las ideologías del siglo XX y que podemos expresar a todos los nostálgicos de esas trágicas utopías humanas:
“La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin”.
Sólo la verdad nos hace libres. Pero aún hay personas que le tienen miedo a la verdad y a la libertad, sólo porque implica tomar decisiones responsables que pueden agitar nuestra ilusión de confort.