Alegre Melancolía ochentera

Cuando te rompen el corazón

Supongo que todos pasamos por esa etapa, cuando las emociones y los sentimientos están muy agitados y se desboran. Todavía hoy al escuchar la canción “Words” de FR David, me ataca una sensación contradictoria que altera mis sentidos, me pone melancólico y alegre a la vez. Y es una de las canciones que puede repetirse una y otra vez y no me molesta en absoluto.

Al inicio de la década de los 80s sólo me dedicaba a ser feliz, en la secundaria todo el trabajo de mis amigos “el tinieblas” y “el vaselinas” era contar chistes hasta que nos agarrábamos la panza de la risa; además en nuestra banda siempre estaba el gordito del salón, que cerraba los ojos cuando cantaba canciones de Raphael o de los Bee Gees. Incluso, cuando nos despedimos de la escuela me dio su mejor  regalo: un cassete del trío famoso de “Fiebre de Sábado por la Noche”.

Después de algunas clases, nos juntábamos a tocar guitarra. El vaselinas realmente era un buen roquero. ¡Vaya que tocaba! Yo sólo le hacía al cuento con algunos compases, pero entre una y otra nos salían canciones como “Y la amo” o “Love me do”, de los Beatles; mientras “el tinieblas” tocaba la batería con un lápiz con el que golpeaba el pupitre. ¡Eso era enorme! Además de planear la maldad siguiente en el salón de clases.

El vaselinas era buenísimo para poner apodos y pronto el maestro de historia fue recibido por todos nosotros con un grito: el ¡mueeerto!, mientras todo el salón reía. Lo bueno es que la niña Alma era la jefa del grupo y yo el subjefe, siempre ganámos la nominación. Ella por aplicada y yo, no sé porqué. Tal vez porque yo sabía de las maldades o incluso las planeaba, pero los profesores no se daban cuenta.

En los 80’s, en la secundaria pública, los adolescentes  iniciaban la carrera por tener novia; los chicos que lo lograban eran admirados por el resto de nosotros. Yo me quedé sorprendio cuando, en tercero de secundaria, vi al que le decíamos “el diablo”, caminando orgulloso tomando de la mano a una de las muñequitas más atractivas de la escuela. Por cierto, una chica que me causaba pánico cuando llevaba la falda por encima de la rodilla y me hacía sentir cosquillas en la panza. Pero lo que me hizo sentir peor, fue que seis meses atrás esa niña me había confesado que me quería (¡!) Me quede aterrado y no supe como reaccionar. Ahora, cuando la veí con “el diablo”, pude ver lo mucho que había cambiado en poco tiempo, ¡ya era una mujer!

Así siempre fue, no veía las oportunidades, y cuando las descubría, era demasiado tarde.

Las chicas de la secundaria eran sólo suspiros. Tuve que ir a la preparatoria en 1983, para poder entrar a la verdadera carrera del amor y saber que era dar un beso. Llego inesperadamente, cómo casi todo lo que me pasa.

Una tarde Blanquita,  me regaló un disco sencillo de acetato de 45 rpm. Era el lanzamiento de Luis Miguel con su canción “Somos dos enamorados”. Y de nuevo no tome la decisión, sólo me cayó del cielo. Para la noche de ese día, recibía mi primer beso, me gusto mucho. Flotaba como Benito Bodoque.

Pero no duro nada la chiqui aventura, se supone que yo quería a otra chica, pero por las cochinas prisas y la oportunidad, había perdido a María Luisa. (Ahora que lo cuento, noto que eso suele repetirse en algunas cosas de mi vida ¡que loquera!).

Así que en la primera oportunidad Blanquita me terminó, con todo y su pantalón azul de terciopelo, con todo y sus Jeans California, y yo ni me angustie, ni nada. Sólo recuerdo que subí a una combi y el chofer llevaba en su casetera el tema de la película “Arturo el millonario Seductor”, de Christopher Cross.  Sólo sonreí. Una cosa es el gusto y otra el amor.

Así que ya con mi autoestima en alto dirigí mi esfuerzo conquistador hacía Maria Luisa, una muchacha morenita con el pelo ensortijado y ojos grandes, pero lo más bonito, era su boca.

Ya no me importaba perderme el capítulo televisivo del show cómico, mágico y musical de “la Carabina de Ambrosio” que salía los jueves. Ahora sólo suspiraba mientras ´planeaba mi estrategia. “Un simple músico, que no haya las palabras para decirte te amo”. Ah! ese FR David que escuchaba a través de Universal Stereo, era la neta del planeta.

Así que me puse en marcha y María Luisa ni siquiera hizo el tipico ritual de: “déjame pensarlo”, tan acostumbrado en aquellas eras. Sólo dijo que sí. Y eso provocó una explosión de una alegría desconocida en mi corazón, la felicidad al máximo. Pero lo bueno se acaba y esto termino muy pronto. Seguramente yo fui el culpable,  porque la tal María Luisa me hizo una telenovela.

En su cumpleaños invitó a todos los amigos: yo le compré unas flores, mientras en el puesto se oía a Yuri que cantaba: “osito panda aún no anda.”

Como sea, yo vestía espantoso, parecía más un señor, señor; más que un joven, maduro. Pero según yo formalito de pantalón negro camisa blanca y suéter rojo (ahora que lo pienso tal vez por eso me corto). Llegué a su departamento pequeño. No me explico cómo pudimos caber tantos y llegar puntuales a la hora de la comida, sin GPS y sin whatsapp.

Lo que ocurrió fue confuso, de hecho ni lo recuerdo bien porque realmente me propuse desaparecerlo de mi cerebro. Llegué y me recibió con la más fría indiferenxia: Feo, frio, fatal. Las tres efes funestas.

Total me hice menso como siempre, me hice el disimulado. Y trate de hacer chistes, sonreír, y ella como dice la canción: con todos menos conmigo“. deliberadamente, cruelmente, fría como el viento. En lugar de cortarme correctamente y bajo el ritual de decirme, simplemente armo ese show el mismo día de su cumpleaños, para ignorarme.

Primero no sabía qué cara poner, después creció mi incomodidad y platicaba conmigo mismo:
Quita es cara de tonto.

Me acerque a ella y le dije que quería hablar a solas, ella sonreía y servía platos. Ni me oía. Un frío desconocido empezó a recorrer mi corazón.

Le dije como pude y con toda la dignidad que pude juntar:
–          Al parecer no tengo nada que hacer aquí.
–          ¡No! Contestó, más fría que la era de hielo 2

Así que ya confundido y molesto, no me despedí de nadie. Salí de su depa, y caminé calles, calles y calles, hasta que empezó a llover peor que cuando Noé. No sabía porque lloraba tanto y no podía parar, mientras mis dos personalidades chocaban y hablaban en mi cabeza:
Es el orgullo herido, ni me gustaba.
Nee ¡al cabo que ni quería!
– Además estaba bien chaparrita.
– Te lo dije, te lo dije, pero ahí vas de menso

Al otro día odiaba al sol o a la luna, a la lluvia y al frío. Tirado en domingo en casa, me sentí devastado. ¿Dónde estaba la alegría? sólo tenía puro coraje. Pero en esas malas estaba  cuando Adolfo, mi hermano ponía por 2 millones de veces la canción Born to Be Alive. La verdad que paciencia le tenía mi Mamá .

Los ochentas eran así, en un rato amaba a todo el mundo y en dos segundos ese mundo se desplomaba al ritmo de Patrick Hernández. Hasta las canciones más tristes sonaban alegres y rítmicas. Y las emociones explotaban en un baile singular.

Después de ese devastador golpe, sonreí a los ocho días, en otra fiesta , por casí siempre estabamos de fiesta, viviendo de noche. Y entonces volvió a sonar Words, mientras yo bailaba con ese sabor de los ochentas, con melancolía y alegría.

“Bueno, soy solo un simple músico,
la música es mi mejor amiga,
pero ahora las palabras no salen fácilmente…
Las palabras, no llegan fácil a mí.

¿Cómo podré encontrar una manera de hacerte ver que, te amo?
Las palabras no vienen fácil”

https://youtu.be/csoyV9ZlQZ8?si=V27Ln5A5VYjhM1cL

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