Desapego

El momento presente, es el momento clave.
Cada queja en su contra es una derrota,
cada acto de aceptación ante él es una victoria
Fulton J. Sheen
Desapego
Me faltaba el aire, sentía como la bilis cambiaba el sabor de mi boca, quería huir de allí, y pensar que tenía que mantener la calma para no soltar mi veneno, mi coraje, mi frustración; una bomba explotaba en mi estomago, subía hasta mi corazón y por mis venas corría un extraño virus que emponzoñaba el alma. Lo recuerdo bien: allí estaba el jefe anunciando que el puesto vacante  era de otro. Y cuando dijo el nombre exploté. Ese puesto era mío y no me lo dieron. Una amiga me decía que reclamará, que me rebelara; incluso la  mujer que obtuvo el puesto apenaba me iba a ver hasta mi despacho para decirme: usted se lo merecía, usted es el mejor, pero el puesto es mío y quiero que me ayude.
Con el tiempo, supe que eso que me lastimó me abrió nuevas posibilidades, ese puesto sigue allí pero mi vida tomó un curso distinto, por paradojas de la vida, me fue mejor. Sin embargo, aquel momento fue horrible. En ese instante vivir era una injusticia y estaba llena de frustraciones.
Al paso del tiempo conocí al Padre Chinchachoma, que en paz descanse, un hombre que trabajó con niños de la calle y grupos vulnerables. Tenía un gran corazón y protegía siempre a los más débiles. Era muy mal hablado, conviviendo con los niños de la calle tenía que ser rudo. Pero al mismo tiempo era muy paternal y cariñoso, cuando lo conocí lo que más me sorprendió fue su simpleza y su forma de rezar con el corazón. Cualquiera que lo viera con esa enorme barba blanca y pelos parados pensaría que estaba loco. Lo escuché una vez en una conferencia en donde gritaba apasionadamente su verdad; pero lo sorprendente vino en un momento donde frenó su exposición,  y allí frente a todo el auditorio, empezó a cantar con mucha alegría: ser santo es muy sencillo, sólo tienes que decir: amén.
Y entonces, para probar su estrofa nos contó una historia. Nos decía que  había visitado un asilo de ancianos y que cuando llegó al lugar bendecía a los viejitos y los escuchaba, hablaba con ellos para darles paz y cariño. Hacía algo que no practicamos: Escuchaba y escuchaba. Muchos de ellos estaban realmente enojados con la vida, con heridas profundas, con corajes cargados y que podrían explotar como una bomba atómica: “padre, hable con mis hijos tienen años que no vienen a verme, estoy sola”... le decía una mujer.  Otro decía: “véame que enfermo estoy, nadie me quiere he sido abandonado en este lugar”… otro hablaba de que tenia hijos ricos pero se habían olvidado de él, ni siquiera iban a verlo el día del padre, porque siempre andan de viaje… y así, muchas quejas, muchos llantos y muchas historias.
Después de un rato, una monja se acercó con Chinchachoma y le dijo al  oído: padre en realidad en esta sala no están los más graves, hay un señor que le acaban de anunciar que tiene cáncer.
El señor estaba sólo en su cama, estaba tranquilo y sonriente. Se acercó el Padre Chinchachoma y le preguntó ¿que tienes hermano? El viejito contesto: “nada padre, yo estoy muy bien, a los que usted debe ayudar son a otros amigos míos, esos si que están mal”. El padre le recordó: pero si te dijeron que tienes cáncer.  El viejito sonrió con una paz indescifrable y continuó: ay padre, yo estoy tranquilo, mi vida está en manos de Dios”.
Al terminar la anécdota el salón estaba en silencio, Chinchachoma  retomó su canto, mientras en cada estrofa mencionaba algo bello de la vida: las olas del mar , al canto de los pájaros, y remataba todo es sencillo, sólo hay que decir amén.
Hay una escena en el nuevo episodio de la película la Guerra de las Galaxias, donde Yoda es Chinchachoma: Anakim está molesto, está muy enojado, las cosas no le salen bien, el era el mejor y su paciencia se ha rebasado. El sabio maestro Yoda se preocupa y le dice con voz tranquila: Anakim, desapegate, desapegate.
A veces nos apegamos a nuestras necesidades reales o ficticias, a nuestros planes o deseos y cuando enfrentamos la frustración de no obtenerlos, podemos a envenenar el corazón  y empieza  así un tortuoso sufrimiento.
Cuando eso ocurre hay que mirar más allá: mi vida esta en brazos de mi Dios. Podemos concluir que el viejito con cáncer vivió más tiempo, en paz y feliz. El resto murieron angustiados, frustrados y tristes. El mundo de hoy nos pone a correr por fama, poder, fortuna y belleza, millones y millones de pesos y esfuerzos se queman en la industria de estas cuestiones, y el hombre sigue vacío, tan vacío que renuncia a la vida y termina en el suicidio. Allí están las cifras.
Para Chinchachoma la vida es más sencilla de vivir. Dejemos de correr y disfrutemos de la vida, por que nuestra vida está en manos de nuestro papá del cielo:  Desapégate Anakim… desapégate del hoy aquí.

2 comentarios en “Desapego”

  1. OLA,SI TU ESCRIBISTE EL FRAGMENTO DEJA DECIRTE KE ERES UN BUEN CRONISTA Y MUCHO GUSTO, SOI YAREMI, RESIDO EN MEXICO Y PUES NO SON NECESARIOS LOS COMENTARIOS ESTAN DEMAS, LO PASADO ES BUENO Y LO PORVENIR AUN MEJOR. UN PLACER, SALUDOS BYEBYE

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