
Al caminar a tu lado el tiempo no existía.
Los sonidos callaban para registrar el sonar de nuestros pasos, en el cajón de los buenos recuerdos.
Y tus palabras se quedaban a vivir en las neuronas más felices de la memoria.
Aquellos edificios guiñaban a lo lejos, para volverse las fotografías del presente eterno.
La tarde noche soplaba con un suave viento, que agitaba las emociones.
Y tu sonrisa ligera que rimaba con tu mirada, quedaba suspendida como la luna.
En aquellas horas, podíamos poner la mirada en el mismo punto y al mismo tiempo, justo en el borde donde el amor y la muerte bailan hacia la eternidad.
Y nuestra alma se conectaba por un resquicio secreto para decir la misma frase… sin decirla.
Surgían los te quiero, como hadas revoloteando, sin decir palabras.
Sólo hablaba nuestra mirada y surgía un destello de luz de otoño, en esa tarde que caminaba hacia noche.
Y nos reíamos del chiste no contado
Como un sólo corazón, aparecían las caricias mas discretas, donde no había pretextos para tomar tu mano.
Y nos quedábamos soñando con el mejor beso de amor, que jamás se dió, mientras avanzamos en la tarde que se volvía noche.
Y aunque te fuiste, te quedaste por aquel camino
En aquellos viajes del otoño que van y vienen al presente.
Donde tu esencia se grabó, entre el borde de la plaza y aquel espejo de agua.
Entre la memoria y el suspiro; entre el presente y la nostalgia del nunca más.