De la comunicación del poder, al poder de la comunicación

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De la comunicación del poder, al poder de la comunicación

Darío Mendoza / @dariomendoza

— Lunes, 20 Enero 2014

La historia del poder nos ofrece estampas magníficas y símbolos que expresan cómo se adquiere el poder, pero tal vez la que mejor sintetiza esta idea es la leyenda japonesa que habla de la gran diosa del sol: Amaterasu, que recibió tres símbolos del poder imperial: la espada, la joya y el espejo.

Músculo (espada): el poder más básico es el músculo, el uso de la fuerza física para someter a los otros seres humanos y obligarlos a realizar trabajos para beneficio del más fuerte. Es el poder de las cavernas, pero también el del armamento capaz de liquidar a los adversarios.

Talento (espejo): con el sentido de supervivencia de los menos fuertes, se desarrolló otra la habilidad expresada en la frase: más vale maña que fuerza. Es decir el conocimiento que puede vencer a la fuerza física. El espejo es el autoconocimiento que abre camino a conocer a los demás. Al transcurrir el tiempo ha asumido la forma, por ejemplo,  de los estudios de opinión, entre otras herramientas.

Dinero (joyas): los factores anteriores pueden servir para alcanzar la riqueza. Y la riqueza puede a su vez adquirir más conocimiento, o incluso la fuerza de las armas para someter las voluntades. Pero dependen de un talento especial, que es la del empresario, el gerente, el administrador.

Astucia: Sin embargo, el poder político camina en territorios más dinámicos, es como lo llamó Ikram Antaki, un trabajo singular donde se combinan las destrezas del pescador y la del cazador: paciencia y fabricar situaciones (trampas) para obtener los objetivos. Todas éstas, habilidades que cultivan y crecen en los profesionales de la política.

Estos símbolos expresan muy bien las distintas caras del poder y sus personalidades, así como su sofisticación al correr de los siglos.

Hoy existe una industria de músculos para pulir la belleza física, que usan algunas personas como estrategia básica para acceder a niveles de poder: la política, la empresarial y la del talento.

Pero esa belleza física puede también tomar el poder si cultiva las otras habilidades mencionadas, y por eso Cleopatra es una leyenda en la historia.

El poder y las redes

Hoy las tecnologías de la información y del conocimiento están provocando el nacimiento de nuevas habilidades que irrumpen la marcha estable de viejos productos y pueden hacer que una marca consolidada se derrumbe en poco tiempo, o incluso un sistema.

El poder político también sufre esos cambios vertiginosos. En México el hastag #LadyProfeco (en Twitter) derrumbó a un funcionario público. Los ciudadanos no tuvieron que ir a poner una demanda, ni gastar tiempo en oficinas de gobierno, sólo tuitearon y se rieron del funcionario en cuestión.

El poder político es seductor porque implica disfrutar del mando y hacer que los otros decidan seguirte. Sin embargo, el poder político más básico es como el de las cavernas, se ejerce sobre la base del “tienes que hacerlo” (miedo), y su otra cara es: “te conviene hacerlo” (la ambición).   Temido o amado, diría Maquiavelo.

Pero el poder también tiene sus reglas. Es como subirte a un tigre: si no lo dominas, te mata. Si te excedes te mata. Y de allí que se necesite siempre de un buen equilibrio.

El estadista, la evolución

Entre la ambición y miedo, pocos personajes, a los que hoy les decimos estadistas, han logrado un poder más grande: el de tener un sueño, comunicarlo y tener seguidores.

Esos líderes tienen un contacto pleno con su humanidad, son auténticos y parecen vulnerables. Han aprendido que entre la ecuación del miedo o la ambición, puede surgir el amor. Y por eso hay tan pocos que se atrevan a correr fuera del sistema y optar por el camino vertiginoso de perder la razón por conquistar un sueño y dejar su huella en la historia.

 

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